Mañana cumplirás quince años y me robo un trozo de mi descanso de medio día para dejarte algunas letras que medianamente alcancen a expresar cuanto te quiero...
Fuiste ligero desde tu llegada al mundo, quizás como un presagio del carácter tan sencillo y llevadero que tendrías al crecer, y creciste y me alcanzaste en la estatura y en varias de mis locuras.Tenía apenas 23 años cuando apresuraste tu llegada a mi vida, ocho años más que tu (si lo quieres ver desde otra perspectiva), confieso que no recuerdo haber sentido ningún temor por mi posible falta de experiencia en el mundo maternal, más al contrario, me tomé la tarea de esperarte contando los días en un pequeño diario que aún conservo, y que estoy lista para mostrarte cuando quieras.
Quisiera poder darte mil consejos que te eviten las posibles caídas que la vida te depara, pero quiero que sepas que estoy bastante consiente de mis capacidades y se que no cuento con esos mil consejos, sin embargo, te dejo algunos que por ahora me bastan para no marearte con un sermón que quizás no logre nada:
Sueña con la persona que quieres llegar a ser, y no le restes méritos a tu capacidad para lograrlo.
No te quedes esperando a que el mundo te llame, en cuanto puedas, toma tu mochila y tu guitarra y emprende un viaje hacía donde puedas aprender y conocer lo que hay detrás de esta frontera, puedes ir tranquilo, puesto que sabes, que a tu regreso siempre estarán mis brazos para recibirte en nuestro hogar.
Aprende de tus errores, y si puedes, también aprende de los míos y los de tu padre, no es debilidad estar equivocados, pero sería una lástima el reconocerlo y no hacer nada por cambiar.
No intentes dejar tus dudas a la deriva, atrevete a preguntar, investiga, asegurate de abrazar para ti todo el conocimiento que te pase por delante. No des por hecho las cosas, haz que ocurran.
Felicidades hijo... te quiero.